¿Necesitas una excusa para volver a Sevilla?

Son tantas las razones que podemos darte para venir a Sevilla, que necesitaríamos un blog entero para poder demostrarte el verdadero encanto de esta ciudad.

Desde el Palacio de Villapanés estamos convencidos que Sevilla es una de las ciudades más impresionantes del mundo y queremos compartir con todos nuestros amigos y clientes que ahora, en verano, es un gran momento para visitar los encantos de esta ciudad, que no deja indiferente a nadie:

1.- Para vivir la historia de primera mano

Ciudad patrimonio de la humanidad gracias a su Catedral gótica, de mayor planta del mundo, el Alcázar y el Archivo de Indias. Si eres amante de la historia, no puedes perderte la visita del palacio real más antiguo de Europa, en el que se conservan los archivos de la época que demuestran que Sevilla tuvo un esplendor especial en el mundo.

2.- Para tocar el cielo

“De Sevilla al cielo”. Sabemos que el refrán no es exactamente este, pero con él damos pié a hablarte de la gran cantidad de terrazas y azoteas en las que puedes disfrutar de unas vistas espectaculares de la ciudad, mientras te tomas una copa. Sitios como el Gourmet Experienca de El Corte Inglés, La azotea de la Alicantina o del Restaurante Oriza son algunos de los espacios de “ocio con vistas” que no debes perderte.

Pero, sin lugar a dudas, el lugar más especial de Sevilla para tocar el cielo es la Giralda, que sigue atrayendo a miles de visitantes todos los días.

3.- Para saborear el Sur

Ferrán Adriá dijo en una ocasión que “Sevilla no se puede explicar, hay que vivirla y saborearla. Tiene un alma única. Cuando aterrizas en la ciudad y comienzas a pasear por sus calles, sientes pura magia… Puedo decir que Sevilla es una de las ciudades más increíbles que he visto en todo el mundo”.

Grandes restaurantes con bastante historia, solera y tradición hacen que la restauración de la ciudad sea otro de los atractivos más buscados.

4.- Para vivir la fiesta

En Sevilla se vive y se disfruta la calle. El calor humano y la hospitalidad de los sevillanos harán sentir, a todo el que participe de sus fiestas, como si fuera un ciudadano más.

La belleza, el misterio y la grandiosidad de la Semana Santa de Sevilla es mundialmente conocida. No se trata de un museo en la calle, porque las imágenes para el sevillano, son mucho más que una obra de arte. La imagen es la devoción y es la vida reflejada en los ojos verdes de la Virgen del Valle, o en ese paso de la misma cofradía donde Jesús es coronado de espinas mientras el rostro de todos los visitantes se refleja en los espejitos de la rocalla del paso.

Qué decir de la Feria de Abril. La alegría, el colorido y la belleza empapa las calles de una Sevilla engalanada, hasta la bandera, para demostrar que en Sevilla se disfruta, se vive y se comparte.  Una ciudad que con su Feria alcanza el culmen de el carácter femenino por obra y gracia de la belleza.

Se trata de un derroche de belleza en sí misma. Sólo hay que dejarse llevar por los sentidos, comer, beber y agitar el pecho por el baile, apuntando al cielo cuajado de farolillos venecianos.

No podemos olvidar también el Corpus, en pleno mes de junio. Una de las procesiones más bellas de todo el territorio nacional. Toda la plata del Renacimiento y el esplendor del Barroco unidos en esta fiesta en la que, como dice el refranero popular, “es uno de esos jueves que relucen más que el sol”.

Pero en Sevilla, no hay fiesta sin toros ni toros sin fiesta: Una fiesta nacional que está íntimamente ligada a la ciudad y que, según dijo Curro Romero, “sólo basta ir un día a una corrida de toros a la Plaza de la Maestranza. Es una lección de categoría que tienen los sevillanos. Silencian en el fracaso y se entusiasman al apreciar el arte en el triunfo. Por eso vivo y disfruto todos los días de Sevilla”.

Y finalizamos con la Navidad, una fiesta muy atractiva, no por su nieve ni sus trineos, sino por su luz. Sólo hay que pasear por sus calles llenas de gente que disfruta de ese sol de diciembre que es ajeno en otras latitudes. Un sol amable y templado que le saca a la ciudad sus mejores colores.

5.- Para descansar

A Sevilla también la llaman la ciudad del silencio y del descanso. Parece una paradoja, por el movimiento local y social de los sevillanos, pero lo que nadie cuestiona es que… también tienen que descansar. Este es el momento en el que amanece otra Sevilla, la del silencio, la oscuridad, el recogimiento y el descanso.

Una experiencia inolvidable que no te puedes perder. Pasear por sus calles y terminar la jornada en el Hotel Palacio Villapanés, del siglo XVIII, hará que te enamores aún más de esta ciudad. ­­ Una ciudad que, según la Duquesa de Alba, “es la ciudad más maravillosa del mundo”.

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